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Lunes 14 de Octubre de 2019

EL SIGNIFICADO DETRÁS DE LOS GESTOS

Lenguaje no verbal y discurso en el debate presidencial

A dos semanas de las elecciones nacionales del 27 de octubre, los candidatos a presidente se presentaron este domingo en la Universidad Nacional del Litoral. Expertos analizaron para Infobae el significado detrás de sus actitudes y elecciones verbales.
 


El primer debate presidencial del 2019 se desarrolló este domingo 13 de octubre y comenzó puntual a las 21 en la Universidad Nacional del Litoral. Todo el país estuvo atento a lo que transcurrió en Santa Fe. Sin embargo, algunos detalles pueden haber sido pasados por alto. Es por eso que expertos en lenguaje no verbal y discurso se encargaron de desmenuzar, en diálogo con Infobae, el significado detrás de los gestos y las palabras de los candidatos a presidente.

Sergio Rulicki, doctor en Comunicación Social y director de la Diplomatura en Comunicación No Verbal de la Universidad Austral, explicó a Infobae: “Para analizar la comunicación no verbal es necesario partir del estudio del comportamiento basal, o sea, la manera habitual en que una persona se manifiesta. Se debe tener en cuenta cómo se combinan sus expresiones faciales, los gestos que hace con las manos, sus posturas, y también las cualidades de su voz y su enunciación. En función de estas categorías de actos no verbales es posible llegar a formular hipótesis acerca de las emociones, sentimientos, estados cognitivos, intenciones y juicios de valor, y de esta manera llegar a conclusiones acerca de los verdaderos significados de sus declaraciones verbales”.

“El comportamiento basal del presidente, sobre todo en los últimos dos años, ha estado caracterizado por la elevación sostenida de las cejas, lo que produce profundas arrugas a lo largo y ancho de su frente. Su significado está relacionado con la perplejidad y la falta de control, y su función es la de enviar un mensaje de vulnerabilidad que reduzca las intenciones hostiles de los receptores. Esto ocurre habitualmente en Macri cuando no puede dar una respuesta asertiva sobre un tema complicado”, comenzó a analizar Rulicki.

“En esta ocasión, bajó más las cejas como signo de determinación, excepto cuando el tema fue Salud y Educación, donde se observó el patrón anteriormente descrito: elevación de las cejas relacionado con la perplejidad y falta de control. Y realizó movimientos con las manos para la marcación del ritmo de su enunciación, recurso no verbal que ayuda a mantener la fluidez y encontrar las palabras adecuadas con relación a los mensajes que se quiere transmitir. No mostró signos de nerviosismo que resultasen evidentes, por lo menos no a simple vista, salvo sus problemas habituales de modulación vocal, aunque en una tasa inferior a la de sus últimas apariciones públicas antes de la campaña. Otra manera en la que Macri mostró sus momentos más tensos al juntar las palmas como en un ruego, gestualidad que también es habitual en él cuando falla su capacidad para la comunicación asertiva", aseguró el experto.

Un debate pautado al detalle

El formato del debate dejaba poco lugar a la improvisación; estaba pautado hasta el menor detalle y la posibilidad de cruces entre los competidores estaba reducida al mínimo. No sorprendió por lo tanto que no hubiese momentos dramáticos ni demasiados altibajos.

“Todos se manejaron desde el principio con tonos casi escolares. Ninguno se manifestó exaltado. Todos parecieran haber practicado suficientemente su parlamento”, afirmó la doctora en Lingüística Silvia Ramírez Gelbes al comenzar el debate. “Tienen un comportamiento casi escolar. Repiten un discurso bastante practicado. Ningún discurso se corre del que le conocemos de cada uno de ellos. Nada se salió de lo esperable. Lo más original fue el momento de silencio que pidió Del Caño que obligó a todos a sostenerlo”.

Los periodistas María Laura Santillán y Rodolfo Barili fueron los encargados de la presentación del debate y de sus reglas. Guillermo Andino y Gisela Vallone tomaron el mando durante el segundo bloque. Los temas a tratar en este primer debate eran: Relaciones Internacionales, Economía y Finanzas, Educación y Salud, Derechos Humanos y Diversidad de Género.

Las ubicaciones en el escenario se fijaron por sorteo: Mauricio Macri, José Luis Espert, Juan José Gómez Centurión, Roberto Lavagna, Alberto Fernández y Nicolás del Caño. Estas posiciones no indicaban el orden en el que los candidatos comenzarían a exponer cada tema, que fue sorteado aparte. Todos tuvieran el mismo tiempo de exposición y un espacio de intercambio para un ida y vuelta sin que el inicio o el cierre recayera siempre en el mismo candidato. Según las reglas, no podían tener un apunte o “ayuda memoria” en el atril, pero sí hojas en blanco y lapiceras.

El primer gran escollo discursivo que debió sortear el presidente Mauricio Macri y que arrastraría durante todo el debate, de manera inteligente y certera se lo planteó el candidato por el Frente Todos, Alberto Fernández, en los primeros 15 segundos: cómo explicar por qué incumplió las promesas que había hecho ante Daniel Scioli en el debate del 2015, que finalmente lo catapultó como presidente de la Nación.

Para Diego Dillenberger, director de la revista Imagen y conductor de La Hora de Maquiavelo, “Fernández aprovechó muy bien los minutos iniciales para acusar de mentiroso a Macri por sus promesas incumplidas de 2015. Para un sistema de debate que no tuvo instancia de debate real, fue un ataque inicial inteligente".

“Todos los políticos son actores”, había aclarado en diálogo con este medio Alejandro Sangenis, coach de neuro-oratoria de políticos y empresarios. Por eso, según advirtieron el estratega en Comunicación Política y periodista español Carlos Celaya y el experto Marcelo Mosenson, “en un proceso político no hay que confundir honestidad con autenticidad. Y la autenticidad de la retórica política no siempre viene de la mano de sus palabras, sino del lenguaje no verbal. Es que la comunicación no verbal es un arma. Los actores elegidos para hacer política comunican todo el tiempo, aun cuando prefieren no hacerlo”.

El lenguaje no verbal y el discurso de los candidatos, analizados​

“En su presentación, Macri pone como modelo lo que pasa en la Ciudad y olvida el país”, explicó Gelbes . “Usa la primera persona del plural, y lo que resulta más notorio es que parece por momentos olvidar la letra de lo que quiere decir, aunque de manera sutil”. “Se olvida la letra. Queda claro por cómo se expresa que está repitiendo un discurso aprendido. Y ésta es la sensación que tenemos todos cuando habla en público”, sentenció.

Para Diego Dillenberger, "un momento sólido para Macri fue cuando se refirió a las relaciones internacionales y destacó sus logros y la inserción de Argentina en el mundo. El Presidente estuvo acertado con una estocada sobre los vaivenes del Frente de Todos sobre la situación en Venezuela; y Fernández estuvo oportuno cuando le achacó que todo el show del G-20 no trajo las inversiones que prometió”.

Su tono calmo contrastó con lo que se vio durante su gira, previo al debate. Según la consultora en Imagen y Comunicación Política, Daniela Aruj, durante la gira, Mauricio Macri había utilizado un “volumen alto; gritaba y apelaba a la respuesta fácil del público". "Su grito casi constante, por momentos pareciera pertenecer a la liturgia peronista más que la de Juntos por el Cambio”, agregó. En el debate, en cambio, eligió mostrarse en una actitud y tono completamente diferente.

Alberto Fernández

“Hace cuatro años hubo otro debate, en ese otro debate alguien mintió mucho y otro dijo la verdad; el que mintió es el Presidente, que quiere volver a ser presidente", aseveró el candidato.

“Desde que se conoció su candidatura, la gestualidad de Alberto Fernández ha mostrado una expresividad facial caracterizada por la acentuación de la fisonomía de sus cejas, cuya forma naturalmente arqueada remite a mensajes de angustia y sensibilidad”, interpretó Rulicki. “Por otro lado, utilizó sistemáticamente el movimiento acusatorio de su dedo índice extendido para señalar en la dirección de Macri. De esta manera reforzó con claridad sus mensajes orientados a responsabilizar al gobierno actual por crisis que aqueja al país. Respecto de sus características vocales, sufre de una disfonía crónica, lo que estimula la percepción de cansancio. Dejó traslucir cierto nerviosismo cuando su voz se volvió algo trémula en algunos pasajes de su discurso”.

“Alberto Fernández usa el discurso al que nos tiene habituados -aseguró Gelbes-, en el cual se expresa con cierta emocionalidad, con un grado de manifestación de la subjetividad superior al de los demás candidatos, con frases como ‘debo confesar’ o ‘yo no sé, Presidente’.

“Fernández habla en primera persona del singular y esto es lo que subraya la presencia de la subjetividad”, resaltó la experta. “Sus tonos y gestualidades son sin dudas los más enfáticos, sin llegar a ser completamente enérgicos, pero sube la voz cuando interpela al Presidente, como hablándole directamente a la cara. Luego, lo señala con el dedo y le habla en segunda persona”.

“Usa frases paralelísticas como ‘hay que darse cuenta de esto’, ‘hay que darse cuenta de lo otro’. también apeló al espectador diciendo ‘junto con ustedes’ y señalando a la cámara. Creo que Alberto Fernández es quien mejor maneja el espacio escénico”.

Aruj dice que, en general, Fernández “usa mucho las manos y es constante su dedo señalando; su tono y volumen son bajos y con cierta disfonía, yendo de mayor a menor y por esta particularidad se lo oye gritar para terminar las ideas". "Suele pasar del dedo acusador a exponer las palmas de las manos que se lee como honestidad y transparencia”, agregó.

Carlos Celaya y Marcelo Mosenson explicaron que la mirada de Fernández “no transmite transparencia pero tampoco inseguridad. Es una mirada profunda y oscura. Mira como si todo estuviera controlado. Si sus cejas se arquean y abre los ojos, está en su etapa explicativa y argumentadora. Y en general, es dueño de una mirada ciertamente melancólica, incluso triste a veces. Puede ser una mirada de mando, o no tanto”.

Roberto Lavagna

“Creo que somos conscientes de que los argentinos vivimos una importante crisis económica y social. No va a ser fácil pero creo que vamos a salir”, dijo en su discurso Roberto Lavagna.

“Su expresividad facial mostró tristeza o preocupación por la situación en la que se encuentra el país, dado que acompañó muchas de sus descripciones con la elevación de los ángulos internos de las cejas, formando arrugas en el centro de la frente. Su ritmo de la enunciación es más lento que el de Macri y el de Fernández. Si bien esta característica puede ser interpretada como un rasgo de prudencia y mesura, también resulta deficitario para la comunicación del entusiasmo. De los tres, fue el que mostró el mayor nivel de autocontención emocional, y por lo tanto, el mayor nivel de racionalidad en sus enfoques”, destacó Rulicki.

“Lavagna hizo alguna referencia a algún parlamento previo, particularmente habló de revisar el acuerdo con la Unión Europea, algo que ya había dicho Alberto Fernández. Lavagna entrega cifras, nuevamente, y tiene un tono más académico”, analizó Gelbes. “Lee mientras habla, pero como no pueden llevar apuntes, lo que se me ocurre es que anota los temas en la hoja en blanco mientras los otros candidatos hablan”.

“Le cuesta hablarles a las masas", opinó Aruj sobre su discurso. "Habla con contundencia y genera clima de conversación”. Según Celaya y Mosenson, “Lavagna tiene todo a favor en un debate como éste y en un momento como este: su mirada transmite confianza y sabiduría. Su sonrisa es genuina y agradable. Sus gestos son pausados y enérgicos al mismo tiempo”.

José Luis Espert

“Al fin llegamos, a pesar de las trampas que nos pusieron”. Según Daniela Aruj, Espert “se apoya mucho en lo gestual. Su tono es grave y el volumen alto. Utiliza por demás las manos para hablar. Por momentos estas características pueden hacer que se lo perciba con cierta soberbia”.

“Espert tiene un tono profesoral usando terminología coloquial como ‘currar’ pero apropiándose del sentido común. No habla desde un lugar de presentación de una propuesta original, desde el lugar de la doxa”, explicó Gelbes. “Se dirige bien al público pero con el gesto adusto que lo caracteriza”.

Nicolás del Caño

“Del Caño habló de Ecuador y además usó sus segundos para dejar ese tiempo de silencio obligado en homenaje a trabajadores y campesinos de Ecuador”, relató Gelbes. “También se puede observar que es el único que usa la duplicación de género como ‘todas y todos’. Es una forma de sentar cierta posición política fuerte con respecto a los temas de género. Tiene un discurso que es el propio de la asamblea universitaria. Tiene los tics propios de estos parlamentos extensos que llevan adelante los estudiantes universitarios y sus representantes en las asambleas”.

Dillenberger señaló con respecto a los segundos de silencio para las víctimas de la represión en Ecuador: "A Macri no se le ocurrió proponer unos segundos de silencio de las 7 mil víctimas del Estado venezolano, según el informe Bachelet. Una total falta de cintura política”.

“Los gestos de Del Caño son los más disruptivos, como mostrar el pañuelo verde al final sobre su alocución sobre los derechos humanos y los temas de género, remarcó”.

Daniela Aruj agregó que Del Caño “apela a nombrar a sus compañeros en cada presentación y a lo largo de los discursos. Debe cuidar que no lo perciban con enojo constante”.

Juan José Gómez Centurión

“Toda mi vida trabajé con mis valores para no tener que cambiarlos”, remarcó el candidato en su presentación. “Gómez Centurión es el que menos maneja la cuestión de los tiempos. En algún momento se quedó corto y en varios momentos se pasó. Tiene un tono pontificador", aseveró Gelbes. “No mira a la cámara, mira hacia los costados. Parece hablar desde el sentido común más básico de cierto segmento del pueblo que es el más conservador”.

Aruj cree que “se apoya mucho en las manos y en sus gestos. Le cuesta vocalizar y parece no sentirse cómodo hablándole a grandes cantidades de gente”.

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